Buscaba una experiencia border. Un amigo me envió por Instagram un evento de arte en San Diego: en realidad, un multi-evento.
El 14 de marzo de 2026 se inauguró la escultura The Prisoner de Marcos Ramírez Erre y Erratic Fields de InSite. Todo dentro de las instalaciones de Bread & Salt. Dos horas de fila para cruzar. Me estacioné en Jack in the Box y esperé a mi amigo, que venía por la peatonal. Luego manejé durante 15 minutos hasta llegar a Barrio Logan. Batallé en encontrar parking. Llegamos a Bread & Salt (antes una panadería industrial y ahora una galería y centro experimental). Al entrar había tres puertas, que conducían a exposiciones diferentes. Me sentí sobreestimulada. Decidí comenzar con InSite.
Erratic Fields es la culminación del segundo capítulo de The Sedimentary Effect, un proyecto (2021-2027) entre San Diego y Baja California, curado por Andrea Torreblanca.
Erratic Fields parte de una mirada etnográfica. Tras una expedición en la reserva natural de San Quintín, Torreblanca invitó a artistas de Tijuana, Ensenada, Mexicali y San Diego a producir obra mediante investigación y exploración (de larga duración) en las Californias.
Aquí hay algo medular: el desdibujamiento de la frontera política y militar. La visión curatorial de Torreblanca dirige a pensar ambas Californias como una sola región. Erratic Fields regresa al sujeto etnógrafo-explorador de las Californias del siglo XX.
Este sujeto ha dado forma a una estética regional, muy ligada a la naturaleza, el viaje y sobre todo, al archivo. La estética regional contrasta con la estética fronteriza, que asume la frontera como resistencia político-cultural. Aunque en los noventas InSite nunca se autodenominó como un proyecto fronterizo, fue sede de obras consolidadoras de la estética del arte fronterizo 1992-2005. Por eso, en 2026, la idea de las “Californias” en un proyecto de InSite me descolocó. Tardé en procesarlo. Al final, esa descolocación me gustó.
De Fernando Jordán a García Canclini, la figura del autor-explorador ha sido polémica. De cierta forma la estética fronteriza surge ante la negación de ser definido por el otro. El etnógrafo-explorador es un sujeto perverso. Esta perversidad (no asumida explícitamente) fue lo que me atrajo de Erratic Fields.
En Erratic Fields hay una inversión de roles: lo nativo (re)define al explorador. Así, Alex Bazán en “Elementary Memory” dialoga con Donald Judd, quien en los 1970 exploró Baja California. Las piezas del Archivo Familiar del Río Colorado recrean, vía ficción y especulación, expediciones de la CIA y la URSS al volcán inactivo Cerro Prieto, Mexicali, usando bitácoras, expedientes desclasificados y mapas. En Erratic Fields el sujeto explorador inter-californiano se transforma: ahora es un nativo (o al menos lo simula).
Terminé la exposición. Recorrí varios pasillos. Llegué al Garden Sculpture de Bread & Salt. Hallé “The Prisoner” de Erre, una escultura de ocho pies de altura compuesta por una torre de concreto encerrada en barrotes de hierro oxidado. En la torre se lee verticalmente (en letras espejadas) la palabra “UTOPÍA”. Cada cara varía la palabra (restando algunas letras); así, dependiendo de la posición del espectador, ocurre una lectura distinta.
La forma de la escultura de Erre, en el patio de la galería en San Diego, me remitió a la de un obelisco. Sentí contemplar un monumento conmemorativo. Erre es uno de los pocos artistas de Tijuana-San Diego que asume explícitamente la estética fronteriza. Cuando pienso en Erre me vienen a la cabeza dos piezas: Toy An-Horse y Century 21 (ambas para InSite).
Momentáneamente la escultura me pareció un monumento al arte fronterizo. Pero los barrotes, y la utopía fragmentada y prisionera me dejaron claro que aquel monumento contenía una tensión aún no resuelta. A las ocho de la noche la gente comenzó a retirarse. Mi amigo me propuso cenar en In-N-Out. Quise mejor regresar a Tijuana. Cruzamos la frontera y manejé hasta el centro, Calle Ocho.
Llegamos a Caradura, una librería y espacio experimental en Tijuana. Era su cuarto aniversario. Cuando llegamos, Belaloona (Luna Glaubitz) tocaba un dj-set inusual: cumbias, “El payaso del rodeo” y “El sapito”. Era un festejo. Llegó más gente; varias caras que había visto en Bread & Salt.
Esa noche me sentí muy border. Un cuerpo trasladando lo fronterizo de un lado a otro. Me sentí una border móvil. Una border anacrónica y nostálgica. Me sentí una Border Taxi. Los días siguientes continué pensando en Erratic Fields y The Prisoner. Aunque ambos proyectos sólo coinciden por el espacio y los openings, me di cuenta que lo que más impactó aquel día en Bread & Salt fue, precisamente, aquella simultaneidad. Pensar en esa (des)sincronización me condujo a una deriva no-oficial en que Erratic Fields y The Prisoner colisionaban.
En aquel multi-opening se materializó una dialéctica entre el artista etnográfico-explorador y el artista fronterizo; ambas son subjetividades aún irresueltas, que resurgen una y otra vez.
Esta dialéctica negativa me entusiasma. La dialéctica negativa crea nuevas posibilidades.