En mi columna anterior critiqué Donde termina el verano, la nueva novela de Elma Correa. Al leer algunos de los comentarios a mi texto que se hicieron en Facebook, me di cuenta del cortocircuito que genera la crítica.
Hace menos de un año, en junio de 2025, en mi blog publiqué “Pseudo-mafia y Literatura tijuanense: de la Feria del Libro a los Premios Estatales”. Ahí señalé la existencia de una red compuesta de escritores, funcionarios, editores y libreros que se autopromueven, reparten premios, invitaciones a eventos, becas y espacios. Y justamente algunas de las personas que comentaron aquel texto fueron quienes nuevamente comentaron mi crítica a la novela de Elma Correa.
Leer los comentarios que generó mi columna me hizo pensar en el papel de la crítica en Tijuana. Es un lugar común dentro de la escena artístico-cultural de Tijuana comentar que “hace falta crítica en la ciudad” o que “ya nadie hace crítica”. Afirmar que no hay crítica (o que nadie la ejerce) ha sido en México (¡desde el siglo XIX!) un gran cliché de la propia crítica.
Una de las réplicas, por ejemplo, afirmaba que en la crítica literaria “la pluma debe estar cargada de responsabilidad, de inteligencia literaria, de elegancia y contundencia”. Concuerdo parcialmente y, a la vez, ahí opera una noción anacrónica de la crítica. No le pediríamos esta superioridad moral a la novela, la crónica o la poesía. La crítica tiene derecho al exceso, al desvío y al delirio.
Otra réplica aseveraba: “le falta mucho mundo para ser una crítica literaria”. Ahí se entiende la crítica como una práctica reservada a figuras consagradas o eméritas. Increpar que a alguien “le falta mundo” exhibe una visión clasista sobre quién puede ejercer la crítica.
Por cierto, estacreencia en una críticaautoritaria, solemne y eleganteestá asociada históricamente al crítico literario varón. Y cuando la críticaes heterodoxa es reducida aqueja o dislate; como en este comentario “el texto se lee como una crítica que cualquiera pudiera hacer más que como un análisis crítico”.
Por otra parte, me llamó la atención que varios comentarios no sabían cómo clasificar mi crítica, como si la propia categoría de crítica resultara desconocida. Algunos se refirieron a mi columna como un “artículo”, y bajo este otro género periodístico la juzgaban. Alguien más pedía que fuese un artículo académico: “el texto palidece en argumentación, citas y referencias”. Muchos comentarios parecían olvidar que la crítica es un género literario.
Algunos comentarios remarcaron los 30 mil euros con los que se premió la novela. ¿Cómo podía yo atreverme a criticar un libro con ese galardón? Me parece deprimente la idea de que la literatura se consagra al ganarmucho dinero.
Se espera que la “crítica” a una obra validada por un premio “prestigioso” sea complaciente y se sienta inferior. Se espera una crítica mimética que reproduzca y valide un sistema de dominio. En este caso, el dominio de la pseudo-mafia de la literatura en Baja California aprovechando un premio de una editorial transnacional en España.
Alguien comentó: “es terrible la envidia y la visión provinciana encubierta en una dizque crítica literaria”. En Baja California la gente común no utiliza la palabra “provincia”. Aquí nadie se siente o llama “provinciano”; excepto ciertos intelectuales que quisieran vivir en Ciudad de México porque están auto-colonizados.
Leer tales comentarios da la impresión de que hay un sector literario en Baja California que parece pensar desde un estado pre-crítico. Un sector que ignora toda la tradición mundial ¡y regional! de la crítica. Desean regresar a una noción limitada de la crítica, entendida como una forma de promoción donde la crítica esté compuesta exclusivamente por tres géneros: el anuncio, la contraportada y la sinopsis triunfante.
En 2022 Elma Correa presentó uno de sus libros de cuentos en la Facultad de Humanidades de la UABC. La sala Horst Matthai estaba llena; los alumnos, emocionados. Recuerdo que esa vez Elma Correa llamó “viejos lesbianos” a varios escritores de la literatura mexicana. Elma Correa solía repetir esa expresión en presentaciones, charlas y entrevistas.
Elma Correa es una escritora mordaz y ha centrado parte de su discurso en retomar de las redes sociales la existencia de un prototipo de escritor-“viejo lesbiano”, que ha controlado el sistema literario.
De pronto, Elma Correa está en el centro. Y creo que esta nueva posición descoloca a ciertos lectores y seguidores: el momento que evidencia que ya no pertenecen a la generación subversiva.
Quizá muchas reacciones a mi crítica a la novela premiada de Elma Correa provienen del pequeño shock de un grupo al reconocerse convertidos en aquello que antes criticaban.
La crítica es un género literario (con un origen retorcido). La crítica es la literatura desdoblándose. La crítica es hereje, incluso apócrifa.
La crítica es no-canónica y anti-mercantil. Incumple con nuestra idea de lo que debería ser. La crítica nunca es lo que se espera de ella.