Hoy en día predomina el contacto mediante plataformas digitales. Mucha gente no es de carne y hueso, sino que es un perfil de Instagram. Normal en el caso de figuras públicas, pero llamativo al referirse a quienes no entran en tal categoría y no son más que personas comunes, alejadas de nuestra realidad diaria, en la cual, sin embargo, participan indirectamente. Todo porque las relaciones aparentes abundan más que nunca.
En la colonia Chapultepec, escondido, a la orilla de un barranco hay un parque que algunos nacidos después del año 2000 denominan «El Point», porque se ha convertido en un sitio de encuentro. Allí, atraídos por la vista, y también por la tranquilidad, en ocasiones todavía existe el contacto real entre jóvenes. No obstante, lo común es observarlos capturar con la cámara de su teléfono el paisaje, a sí mismos o ambos, y luego sumirse en la pantalla de este, ignorando a quien los acompañe.
En esta época, mostrarse seguido, aunque sea brevemente, es lo habitual. Ya no es suficiente estar y ser, sino que es necesario compartirlo, de lo contrario uno mismo se percibe en la periferia frente al frenético flujo de información. De todos modos, para ser hay que parecer e Instagram es una herramienta para conseguirlo, ¿qué importa entonces que consuma el tiempo de esto que anhela representar, tu vida? En fin, mentiría si negará que soy de esos en el parque que publican y luego viven.
Ahora bien, sobre los seguidores, término atroz, con aires sectarios, ciertamente yace la cuestión, puesto que son los espectadores de nuestro contenido. Aunque lo considerado suele ser la cantidad total de estos, creo que lo interesante en realidad es su verdadera relación con nosotros. Consideremos, entonces, a quien conocemos superficialmente y frecuentamos poco, a tus amigos virtuales, ¿serían mayoría estos vínculos cuyo principal asidero es el contacto digital, sutil, intangible?
Estas son las relaciones aparentes. Requieren el mínimo esfuerzo, puesto que tocas una pantalla y listo. Asimismo, menos tiempo, por lo que son ideales para un mundo acelerado como el presente y una generación apurada a cada instante como la mía. Por supuesto, son perfectas siempre y cuando para ti sea irrelevante la calidad y valores la cantidad, siempre y cuando te interese solo conectar instantáneamente con el resto y ahorrarte el engorroso proceso de acercarte, escuchar y responder.
Instagram se presta a desarrollar tales lazos que parecen y no son, pues socializar en dicha plataforma es más un acto público que íntimo, ya que no consiste en que una persona nos conozca a la vez, sino todas de manera simultánea. Creamos estos armatostes representativos, nuestras cuentas, y si bien brindan la posibilidad de acercarse pronto a más individuos, lo cierto es que no transmiten con exactitud quiénes somos, meramente lo que deseamos que otros miren de nosotros.
Tantas fotografías y videos tal vez funcionen como complemento, mas no como sustitutos de la interacción cara a cara. Al fin y al cabo, sin respaldo adicional, ni siquiera una excesiva acumulación de fotogramas difundidos de inmediato garantiza cercanía con otro. Por lo que, aunque en la actualidad se presente como imposible el deshacerse por completo de las relaciones aparentes, podríamos esforzarnos en contrarrestarlas tirando menos fotos y simplemente mirando a la persona junto a nosotros en el parque.