En la actualidad millones de personas padecen uno o más trastornos psiquiátricos, enfermedades como la depresión, el trastorno bipolar o los trastornos de ansiedad se vuelven cada vez más comunes. Hoy en día no es raro que uno tenga un familiar, conocido o incluso que uno mismo padezca una de estas enfermedades; en los medios de comunicación nos encontramos con entrevistas a especialistas, reportajes donde abordan las consecuencias o los costos que conlleva padecer un trastorno psiquiátrico. En las últimas décadas se han abierto los foros hacia las personas que padecen esquizofrenia, trastorno obsesivo-compulsivo, o cualquier otro trastorno psiquiátrico; situación diferente a lo que sucedía hace medio siglo.
Todavía en el siglo pasado era difícil y complicado aceptar “padecer un trastorno psiquiátrico”, esto por las connotaciones negativas y al estigma hacia los trastornos psiquiátricos.
La palabra estigma que proviene del griego stigmata (que significa marca), se refiere a toda condición o rasgo que era visto como inaceptable por la sociedad, provocando rechazo e indiferencia hacia la persona que presentaba dicha condición. Actualmente es posible entender los trastornos psiquiátricos como enfermedades, aunque a lo largo de la historia eran vistos como posesiones o castigos. La sociedad generaba muchos estereotipos o etiquetas hacia las personas que padecían estas enfermedades, encontrándonos con “el malito”, “el loquito”, “el demente”, entre otras.
Estos estereotipos cargados de connotaciones provocaban respuestas emocionales negativas o prejuicios; llenos de enojo, miedo o indiferencia. Era muy común encontrar personas molestas porque su hijo padecía depresión, comenzaban a señalar a su pareja “es tu culpa porque en tu familia alguien está así” o también atacaban a su hijo “es tu culpa, tú estás así porque quieres… o porque eres débil demente”.
Los prejuicios al final daban pie a la discriminación, al rechazo y a limitar en lugar de ayudar, entonces nos encontrábamos con personas que eran encerradas en su casa para evitar exponer a la familiar “no vaya a ser la de malas que lo vean y digan en esa familia hay pura gente así”, o también no tener la oportunidad de ser empleados en diversos trabajos “sabes, no te puedo contratar porque a lo mejor te da una crisis”. Todo esto en conjunto en lugar de ayudar, provoca más problemas como evitar la búsqueda de ayuda y las complicaciones que genera.
Todavía lidiamos con el estigma hacia los trastornos psiquiátricos, así como a los tratamientos. En los últimos años han aumentado la prevalencia de trastornos como la depresión o los trastornos de ansiedad, generando mayor interés y acercamiento a conocer más de los temas. Pero no solo se trata de conocer sino también de romper mitos.
Hay muchas personas con ideas erróneas acerca de los trastornos psiquiátricos como “la depresión es porque eres débil”, “a ti te dan crisis porque no piensas positivo” o “la bipolaridad no existe, es que eres una persona incomprendida”; y esto empeora al hablar de tratamientos “para qué tomas antidepresivos, esas son drogas”, “la ansiedad se quita buscándote una pareja”, “tú necesitas un coach de vida para que te quiten lo bipolar”.
El primer paso es tener información confiable acerca de las enfermedades mentales, con el fin de buscar la manera de quitar estereotipos y prejuicios, entender que si una persona padece depresión no es porque quiere estar así o se porto mal, sino que es una enfermedad que es provocada por el desbalance de algunos neurotransmisores, hormonas, mediadores inflamatorios, entre otros.
Por eso es importante conocer más acerca de temas sobre salud mental y los trastornos psiquiátricos, preguntar y obtener información de fuentes válidas. No cualquier persona que genere contenido en redes sociales es experta del tema, en particular “coaches de vida” o “influencers” que en lugar de ayudar provocando más desinformación y también pueden fomentar el estigma a través de opiniones y no de evidencias. Es cierto que en los últimos años han aparecido personas aparentemente “especialistas” que al final resultaron ser charlatanes, por eso es importante que si una persona busca información o requiere ayuda certifique que el especialista (terapeuta, psiquiatra) cuenta con las credenciales necesarias (título, cédula profesional estatal y federal, certificación).
Recuerde que enfermedades como la depresión o la ansiedad tienen cura, mientras que el estigma no. La peor ayuda es aquella que uno no busca.