Fue accidental. La primera vez que leí a Roberto Bolaño fue en 2020. Era pandemia y cursaba el tercer semestre de Literatura Hispanoamericana. Tenía 19 años. En videollamada, un amigo me mostró por la cámara un libro: 2666 (la edición roja de Alfaguara); me leyó en voz alta las primeras líneas.
Hace unos días, el 28 de abril de 2026, se cumplieron 73 años del nacimiento de Bolaño; en 2025 se cumplieron 50 del infrarrealismo.
Después de escribir estas primeras líneas busqué 2666 entre mis libros. Abrí la novela para recordar y citar aquí las primeras líneas que leí (¡escuché!) de Bolaño:
“La primera vez que Jean-Claude Pelletier leyó a Benno von Archimboldi fue en la Navidad de 1980, en París, en donde cursaba estudios universitarios de literatura alemana, a la edad de diecinueve años. El libro en cuestión era D’Arsonval”.
¡Una locura! ¡Hace cuatro años que no abría el libro!
Pienso en tres explicaciones:
- Mi inconsciente retornó mi experiencia reprimida a la Bolaño.
- Mi experiencia con Bolaño, antes de vivirla, ya había sido escrita por Bolaño (esta hipótesis me preocupa…).
- ¡El fantasma de Bolaño me invadió!
Mi plan era escribir lo ocurrido después de ese primer encuentro con Bolaño. Mejor transcribo el segundo párrafo de 2666:
“A partir de ese día (o de las altas horas nocturnas en que dio por finalizada aquella lectura inaugural) se convirtió en un archimboldiano entusiasta y dio comienzo a su peregrinaje en busca de más obras de dicho autor”.
Me convertí en una boloñiana. Descargué 2666 en PDF. Durante semanas mi amigo y yo hicimos videollamadas para leer en voz alta la novela. El mini club de lectura duró poco. Mi amigo y yo perdimos contacto.
Algunos meses después fui a la casa de otro amigo y vi el enorme lomo de 2666 en su librero. Se lo pedí prestado.
— Lo más probable es que no te lo vaya a regresar— le dije.
Lo aceptó. Por fin, después de varios meses pandémicos, tuve por primera vez en mis manos un ejemplar impreso de Roberto Bolaño. Era una edición gringa de Vintage Español.
Un año después terminé 2666. Fue una lectura interrumpida. Desprolija. Era lo mejor que había leído en mi vida y quería disfrutarlo.
Ahora que lo pienso, mi experiencia leyendo a Bolaño fue inusual. Lo normal hubiera sido comenzar con Los detectives salvajes. La segunda novela que leí de Bolaño.
Me parece curioso que cuando hablo con más personas sobre Bolaño, la mayoría de veces aparecen frases como: “Estoy bajo el hechizo de Bolaño” o “Yo también estaba hechizadx por Bolaño”. (Ésta suelen decirla personas mayores de 50 años).
Pronto descubrí que existe una comunidad grandísima de fans de Bolaño. Páginas de Facebook, Instagram e incluso un chat en WhatsApp. La mayoría de los fans de Bolaño son varones. Hay un perfil reconocible; el lector performativo de Bolaño. A este prototipo de fans les llamo (un tanto malvadamente) la Bolañada. Y creo que la Bolañada acabará pronto con la figura de Bolaño.
La Bolañada construye y disemina a un Bolaño anti-intelectual, anti-canon y anti-Octavio Paz. Creo que la característica principal de la Boloñada es ser acríticos ante Bolaño. La Boloñada vive una devoción intensa; y ha convertido a Bolaño en un dogma.
Dos pruebas infalibles para identificar si estás frente a frente con la Boloñada.
- Menciona a Isabel Allende. Si la persona responde utilizando la palabra “escribidora” (en cualquier circunstancia): ¡HUYE!
- Pregunta al sospechoso qué le gusta tomar. Si responde “mezcal Los suicidas”: ¡HUYE!
En un par de décadas (¿o un par de años?) leer a Bolaño será como leer hoy (2026) a Octavio Paz: ¡inconfesable! Los detectives salvajes y 2666 se convertirán en lecturas vergonzosas o clandestinas. El presente de los paceanos será el futuro de la Boloñada.
Creo que esta misreading se debe a que no hemos valorado a Bolaño en su totalidad. El Bolaño que hoy circula y forma parte del canon mundial no es el Bolaño completo. Bolaño fue periodista cultural, crítico, ensayista, narrador y, sobre todo, un gran poeta.
A mí me gusta el Bolaño intelectual, el canónico, el canónigo, el de Derivas de la pesada, el que escribió poemas en forma de grandes novelas. Creo que aún no hemos procesado que Los detectives salvajes y 2666 son, en realidad, dos grandes poemas. Cuando leamos al Bolaño total, el canon y el exo-canon van a colapsar.
El Bolaño que yo leo es un Bolaño clandestino. Un Bolaño sin Bolañada.