Se acerca el Día de las Madres y, como cada año, empezamos a pensar en qué regalar. Algo bonito, algo que le guste, algo que, de alguna forma, esté a la altura de todo lo que representa para nosotros. Y casi siempre terminamos en lo mismo: flores que duran unos días o detalles que se sienten correctos, pero no necesariamente personales.
Yo quisiera recomendarles vinos de acuerdo con la personalidad de sus mamás. Algunas son evidentes, otras se revelan después; y aunque no siempre se pueden poner en palabras, casi todos tenemos una idea de cómo es la nuestra. Conforme vamos creciendo, empiezas a reconocer ciertos gestos, formas de estar, de decir sin decir, de cuidar a cada quien a su manera.
Estas recomendaciones nacen de ahí: de observar, de reconocer, de intuir. No como una verdad absoluta, sino como una posibilidad de que, quizá, algún vino se acerque un poco a lo que ella es y a lo que nos hace sentir:
La Cuidadora (La que sostiene sin hacer ruido): Para la que ya pensó en todo antes de que pase y siempre está presente. Recomiendo un Albariño como Faustino Rivero Ulecia. Es un vino claro y equilibrado, con una acidez limpia que refresca sin invadir; tiene esa presencia constante que no necesita hacer mucho ruido para hacerse notar.

La Intensa (La que ama sin medias tintas): Con ella todo es mucho, pero también todo es verdad. Para esa fuerza, un Syrah como Les Picasses de Olga Raffault. Es profundo, con carácter terroso y una estructura de especias que llena la boca y no pasa de largo, exactamente como ella.

La de Carácter (La que guía con firmeza): La que insiste y corrige porque busca lo mejor para nosotros. Un Tempranillo como Santos Brujos es el ideal. Tiene una tanicidad firme y una columna vertebral bien definida; no busca agradar al primer sorbo, pero su orden y su sentido se revelan con el tiempo, cuando entiendes su valor.

La Emocional (La que guarda los detalles): Para la que registra lo que nadie más nota. Un rosado como Pitaya de Casta de Vinos. Es delicado, pero con muchas capas; expresivo en nariz y sutil en boca, como esos sentimientos que no siempre se dicen, pero se quedan guardados.

La Celebradora (La que hace de lo cotidiano una fiesta): Para ella, siempre hay un motivo para brindar. Un espumoso rosé como Concha y Lola de Vinícola Sierravita. De burbuja vibrante y persistente, es un vino ligero y energético con esa chispa que levanta el ánimo de cualquier mesa sin esfuerzo.

La Relajada (La que deja fluir): La que no se complica y disfruta el presente. Un Sauvignon Blanc como El Ir y Venir de La Carrodilla. Es pura frescura y transparencia; un vino directo, sin vueltas ni adornos, que nos recuerda que lo simple es, muchas veces, es más.

En mi experiencia, creo que el mejor vino de regalo no es el más caro, sino el que genera una conversación, por eso recomiendo este Día de las Madres, regala algo que se parezca a ella. Al final, cuando compartan la copa, te darás cuenta de que el vino es solo el pretexto para decirle que has estado prestando atención a quién es ella realmente.