En julio de 2025 se inauguró la primera edición de Tijuana Art Week. Fueron cinco días intensos: charlas, showrooms, exposiciones, visitas a estudios y afters en diferentes bares de la ciudad. Intenté ir a todas las actividades; para el último día me sentía derrotada. Melisa y Mónica Arreola, Leobardo García y Eduardo Lozano fueron los organizadores.
En febrero de 2026, seguí por redes sociales la Semana del Arte de la Ciudad de México. Mientras observaba la cantidad de asistentes, exposiciones, cenas y galas, no pude evitar pensar en lo especial que había sido la TiAW.
Las semanas del arte suelen articularse por dinámicas de exclusividad. En contraste, la edición de TiAW fue una semana del arte inusual.
Hace unos días, navegando por Instagram, me encontré con un reel de Obras de Arte Comentadas (ODAC), una de las plataformas independientes de divulgación de arte contemporáneo más influyentes en latinoamérica.
En el video, de menos de 30 segundos, Baby Solís promociona la segunda edición de TiAW. Comienza con una pregunta: “¿Y si la próxima capital del arte en México fuera Tijuana? tiene todo para serlo”. La pregunta es provocadora. Me inquietó la palabra “capital”. Se piensa el arte desde una mirada centralista y jerárquica. (Y, literalmente, capital-ista). Como si el problema fuese únicamente cambiar el lugar del centro.
Lo que me fascina del arte en Tijuana-San Diego es que ha sido un arte en contra de los centros.
Leí los comentarios del video. La mayoría celebraba la idea. Y a quienes respondieron con escepticismo, Baby Solís respondió con un “¿Y si sí?”. El mantra de la afición mexicana durante esta Copa del Mundo 2026. El “¿Y si sí?” se convirtió en una manera de pensar en lo (aparentemente) imposible.
Me sobresaltó que en el reel de ODAC el protagonismo de Tijuana dentro del arte contemporáneo mexicano aparece como una posibilidad entusiasta, como algo “por venir”, y no como algo que, en realidad, ya sucedió.
Tijuana no sólo ha sido protagonista del arte contemporáneo mexicano; durante varios años, fue uno de los lugares desde donde se redefinieron algunas de las discusiones más importantes del arte contemporáneo global.
Baby Solís termina el video: “La ciudad lleva décadas construyendo su escena y ya es momento de que el resto la volteemos a ver”. Como si la legitimidad de una escena artística dependiera todavía de ser reconocida por el “resto”.
Las semanas del arte suelen articularse por dinámicas de exclusividad. En contraste, la edición de TiAW fue una semana del arte inusual
El pasado miércoles 8 de julio se inauguró la segunda edición de TiAW en el Centro Cultural Tijuana, con una charla de Carmen Cuenca sobre INSITE. Entre 1990 y los 2000, INSITE comisionó a artistas para producir obras de sitio específico a lo largo de Tijuana- San Diego.
Desde INSITE surgieron algunas de las obras más emblemáticas del arte fronterizo. En la edición de 1997, Marcos Ramírez ERRE realizó Toy-an Horse, un monumental caballo de Troya con dos cabezas instalado en la garita internacional de Tijuana-San Diego. En 2005, Judi Werthein diseñó Brinco, zapatos creados específicamente para migrantes que cruzaban la frontera a pie. Y Javier Téllez desarrolló One Flew Over the Void, que culminó con el icónico performance en el que David Smith, “el hombre bala”, fue lanzado desde playas de Tijuana a Estados Unidos.
A principios del siglo XXI, en Tijuana-San Diego se produjo un arte político que pensaba en la frontera, la migración, la identidad, la violencia, el habitar y las relaciones entre México y Estados Unidos. El arte de Tijuana-San Diego produjo, desde su propia condición periférica y fronteriza, discusiones que son fundamentales para entender el arte contemporáneo hoy.
En abril de 2026 viajé a la Ciudad de México y me encontré con el fantasma del arte fronterizo en todas partes. En el MUAC se instaló Mis caminos son terrestres, exposición dedicada a la obra de Marta Palau, quien produjo gran parte de su trabajo en Tijuana y que fue fundamental para el desarrollo artístico de la ciudad. En el Museo del Chopo se presentaron obras ganadoras de Estandartes, proyecto que Palau inició en 1996 en el lobby del Cecut. En Bellas Artes está la exhibición Aztlán, túnel del tiempo, que reúne el trabajo de varias generaciones de artistas chicanos.
En la librería del Chopo encontré Contra Ulises Carrión: Alegato para su incomprensión (Gato Negro Edciones, 2025), de Pável Granados. La obra de Carrión, que continúa definiendo gran parte del arte contemporáneo hoy, comenzó a circular nuevamente en el siglo XXI a través de la colaboración entre Heriberto Yépez, escritor tijuanense, Juan Agius en Suiza y Tumbona Ediciones de CDMX.
A pesar de todo, todavía existe cierta ambivalencia (sobre todo del centro) para aceptar la influencia que Tijuana-San Diego ha tenido en el arte contemporáneo. Pero desde Marta Palau hasta Chantal Peñalosa, pasando por varias generaciones de artistas, curadorxs y gestorxs, esa influencia resulta innegable.
Me emociona Tijuana Art Week. Una semana del arte que se parece a la historia del arte contemporáneo fronterizo: autogestiva, alternativa e indomable.