Doce años después de haber perdido en tiempo extra contra Alemania y aquella fotografía tomada en el Estadio Maracaná mirando la copa camino a recibir el premio a mejor jugador del torneo, tres años y medio después de por fin alzarla con todo derecho y merecimiento, después de fracasar más veces de lo que la mayoría se había atrevido a intentar para lograrlo, aun así, Lionel Andrés, a los treintainueve años con ocho goles y cuatro asistencias en este su sexta participación jugará el domingo su tercera final de Copa del Mundo.
Hace diez años, me refiero a la Copa América Centenario disputada en Estados Unidos, esto era impensado. De hecho, hasta había anunciado su retiro de la selección argentina tras aquella derrota contra Chile en penales, de los cuales él falló el primero, lo voló. «Pecho frío», se le calificaba, y yo con trece años entonces no lo comprendía, porque, si bien no conseguía el objetivo y había errado, ese llanto desconsolado tras concretarse ese tercer subcampeonato al hilo no era de alguien así. La presión, los ataques severos y las críticas extremistas recaían en él completamente, pues su excepcional talento de tal modo lo exigía, y querían que lo materializara en campeonatos como lo hacía con el FC Barcelona temporada tras temporada, y no, simplemente no. Demostraba que incluso el mejor, él, es humano, no gana siempre, sufre.
Jamás fue solo debido a su habilidad, acaso comencé a seguirlo por esta, a levantarme temprano cada sábado a ver sus partidos para atestiguar lo que fuera a inventarse, a faltar entre semana a clases con tal de verlo en Champions League, sino que fue por volver y volver, una y otra vez, por lo que hoy más que nunca lo admiro. Recuerdo que regresó teñido de rubio y clasificó a Argentina al mundial de 2018 de manera agónica, y cuando ese vestuario implosionó le plantó cara a los franceses en octavos de final, sin éxito, sí, pero había vuelto, y continúo haciéndolo hasta que en 2021 le ganó a Brasil en Río de Janeiro, sí, en ese mismo estadio donde los alemanes se convirtieron en los primeros europeos en campeonar en América. Y, por supuesto, vino otro sí en Catar 2022, luego de debutar perdiendo contra Arabia Saudita, esa anotación afuera del área, justamente ante la selección de mi país, destrabó el resto del camino a la llamada por muchos como la mejor final en la historia.
Falta un capítulo más: este domingo. He dicho en miles de ocasiones que ya no puede sorprenderme, y sin embargo… Sea un sí o un no este 19 de julio, su legado, al menos en mí ha dejado una huella indeleble: volver y volver, una y otra vez, aunque los NO se acumulen grotescamente. Y por ello no utilizó su apellido a la hora de hablar de él, ya que desde 2016, cuando caí en cuenta de que era otro ser humano más al que los no lo atormentan tanto como a cualquiera, acostumbro a pensarlo por sus dos nombres: Lionel Andrés.
Por cierto, dato curioso: la final tendrá lugar en Nueva York (en New Jersey, realmente), en el mismo recinto en que una década atrás casi se rinde. ¿Será? Como sea, y como siempre, Lionel Andrés vuelve.