Hay momentos de mi vida, sobre todo de la niñez, que recuerdo por lo que la televisión transmitía.
En 2006 nació mi hermano. Yo tenía cuatro años. No recuerdo casi nada. Pero en ese momento, cuando mi hermano era un bebé, Televisa pasaba Yo amo a Juan Querendón. Cuando pienso en la llegada de mi hermano me veo a mí, frente al televisor, escuchando la introducción de la novela: “Todos me llaman el pez tiburón / El rey de los mares salados / Todos me llaman el pez tiburón / El rey, el amante dotado”. Mi vida está marcada por el televisor.
En 2011, Televisa lanzó la primera temporada de La Voz México. Los jurados del reality show eran Alejandro Sanz, Lucero, Espinoza Paz y Aleks Syntek. Ya había escuchado algunas de canciones de Espinoza Paz, como “El próximo viernes” (2009), pero fue hasta verlo como jurado en La Voz México que me volví fan. Comencé a investigar todo sobre Espinoza Paz: buscaba sus entrevistas en YouTube y escuchaba obsesivamente sus canciones.
A finales de 2011, Espinoza Paz llegó a Tijuana para una firma de autógrafos en Plaza Río. Después de rogarle durante mucho tiempo, mi mamá aceptó llevarme.
Lo que me llamó la atención de Espinoza Paz era que se presentaba como “cantautor”. De hecho, su álbum debut se titula El Cantautor del Pueblo. Me gustaba Paz porque me hacía pensar no solo en la figura del artista, sino en la del autor.
Entonces veía a Paz como una figura extraña: era al mismo tiempo un artista popular, una presencia mediática dentro de un reality show de Televisa y un autor, un escritor. En ese momento yo tenía 10 años y ya sabía que quería ser escritora. Aún no conocía a lxs grandes escritorxs. No conocía a Cervantes, Wilde, Wolf, Pessoa ni Borges. Espinoza Paz, un cantautor de música regional mexicana, fue mi primer modelo de escritor.
Descubrir que había escrito “Inolvidable” (2007) de Jenni Rivera, “Lo legal” (2010) de El Bebeto, “Te perdonaría” (2009) de Los primos de Durango, “Mi olvido” (2011) de Banda MS, me voló la cabeza. El regional mexicano de la década de 2010 descansó en Paz. Me impresionó que un mismo autor pudiera escribir canciones para artistas y estilos distintos: del duranguense al norteño hasta la banda sinaloense, transitando distintos registros lingüísticos, temáticos y afectivos. Y al mismo tiempo, como cantante, Espinoza Paz había logrado construir un estilo original y reconocible.
Me di cuenta de que Espinoza Paz era muchos (y diferentes) Espinoza Paz. No solo escribía en distintos géneros, sino que Espinoza Paz parecía desdoblarse en varios tipos de autor. Descubrí con Espinoza Paz lo que después, en la adolescencia, aprendería con Pessoa y sus heterónimos: la posibilidad como escritora de ser muchas escritoras a la vez.
Años después, en una entrevista, Espinoza Paz contó que, cuando era niño y comenzó a componer, era introvertido y tímido, pero que al escribir se convertía en otro. Mencionó que incluso utilizaba palabras que no pertenecían a su vocabulario cotidiano, como si alguien más interviniera en la escritura.
Ahora que lo pienso, eso era precisamente lo que me fascinaba de Espinoza Paz. Yo también sabía que, al escribir, podía ser otra. Todavía no tenía las palabras para decirlo. Luego leí a Borges. Leí “El otro” y “Borges y yo”. Quizá suene descabellado, pero fue leyendo a Borges cuando entendí qué era aquello que me había embrujado de Espinoza Paz: la otredad.
Por cierto, la palabra “otredad” la aprendí de Paz, de Octavio Paz. Y así, Octavio Paz y Espinoza Paz han terminado confundidos en mi mente. Fusionados en un sólo Paz.
Me di cuenta de que Espinoza Paz era muchos (y diferentes) Espinoza Paz. No solo escribía en distintos géneros, sino que Espinoza Paz parecía desdoblarse en varios tipos de autor
Con el tiempo comprendí que aquella confesión de Espinoza Paz rozaba una de las grandes preguntas que atraviesan la obra de Borges: ¿quién escribe cuando escribimos? Lo que entonces escuché frente al televisor, como una anécdota de un cantautor de regional mexicano, más tarde lo reconocí como uno de los grandes enigmas de la literatura: la posibilidad de que la escritura sea una forma de desdoblamiento, una manera de convertirse en otra.
Al mismo tiempo, me di cuenta que he hecho mi propia lectura de Espinoza Paz. Nadie lo ha leído así. Ese lo he inventado yo: El Otro Espinoza Paz.
Fueron Borges y Paz quienes descubrieron el tipo de escritora que yo quería ser. Yo no quería ser una escritora. Yo quería ser varias escritoras. Yo quería ser más de un Yo.