El otro día una persona me comentó “me gustaría por un día no sentir ansiedad, ni me agrada vivir pensando que un día me va a dar una crisis”; en la actualidad los trastornos de ansiedad en conjunto son los que más afectan a la población en general, por lo que cada vez es más común encontrarnos con personas que viven con la incertidumbre y el malestar de no vivir en tranquilidad.
La ansiedad es una reacción que presenta nuestro cuerpo cuando estamos ante una amenaza o peligro; es aquella alarma interna que nos permite confrontar o evitar, y la cual heredamos de nuestros ancestros para lograr nuestra supervivencia. Por lo tanto, la ansiedad es normal que se presente ante situaciones donde vemos amenazada nuestra integridad; por ejemplo, si usted se encuentra caminando por la noche y detecta que alguien le está siguiendo, gracias a la ansiedad usted camina más rápido y busca un lugar seguro.
Pero que sucede, si la misma sensación le aparece a una persona cuando anda sentada viendo la televisión, comiendo o bañándose. Entonces ahí ya no es algo normal y entonces nos encontraríamos con un problema, que puede provocar importantes dificultades para el desarrollo de las actividades diarias, limitándonos y provocando un importante deterioro.
Uno de los principales trastornos de ansiedad es el trastorno de pánico, en el cual se presentan constantes ataques de pánicos. Estos consisten en la aparición súbita e inesperada de malestares físicos intensos como dolor en el pecho, sensación de ahogo, mareo, náuseas, temblor, hormigueo, sudoración, malestar gastrointestinal; estos se acompañan de sensaciones como sentirse desconectado de uno mismo (despersonalización), que el entorno es irreal (desrealización), que uno está perdiendo la razón o se está muriendo.
Estos episodios se presentan durante varios minutos, siendo muy desagradables y lentos para quien lo presenta; usualmente estos malestares no duran más de media hora. Pero esos minutos bastan para provocar un importante cambio en la persona que lo presenta debido a que genera inseguridad y temor.
A partir de que uno padece un ataque de pánico, la vida cambia, su pensamiento y comportamiento. Es muy común que después del episodio la persona se queda con la idea grabada de que un nuevo episodio puede provocar un daño irreversible (como un infarto o un derrame cerebral), lo cual se manifiesta por una profunda indefensión que le lleva a uno evitar actividades, salir de su casa y la necesidad de estar con alguien que le puede ayudar en caso de presentar un nuevo episodio.
Está enfermedad se presenta principalmente en personas jóvenes, siendo muy común la aparición en la segunda y tercera década de vida. En el ataque de pánico se encuentra que hay un desajuste en algunos neurotransmisores como la serotonina, el GABA y la noradrenalina; los cuáles se encargan de regular la activación de una región cerebral que se llama amígdala.
En el ataque de pánico encontramos que la amígdala se activa de repente desencadenando cambios en otras regiones cerebrales como la corteza prefrontal, el hipotálamo o el tálamo; lo que a su vez se va a traducir en los malestares físicos que encontramos en el episodio. Por lo tanto, un ataque de pánico no se debe a que uno sea débil, quiera llamar la atención, se porte mal o por conveniencia.
Cuando una persona presenta un ataque de pánico, es tan intenso el malestar que termina muchas veces siendo atendido en urgencias, porque algunos de los síntomas se confunden con un infarto cardiaco. Por ese motivo se realizan estudios de laboratorio o gabinete (electrocardiograma) para descartar otras enfermedades médicas.
Por eso es importante señalar que si a usted o alguien conocido le ha sucedido un ataque de pánico; el hecho de que los estudios resulten normales, no quiere decir que la persona no tiene nada. Debido a que el problema es por los cambios en los neurotransmisores y la manera como activan diversas regiones cerebrales.
Encontrando que en la actualidad el tratamiento del trastorno de pánico son medicamentos como los antidepresivos o los ansiolíticos que ayudan a restablecer esos neurotransmisores, así como acudir a terapia psicológica, además de realizar cambios en el estilo de vida como implementar actividad física (yoga, caminata, natación) y evitar el uso de sustancias estimulantes (café, soda oscura, bebidas energéticas).
Por eso resulta esencial que a través de buscar profesionales de la salud mental como terapeutas o psiquiatras, para brindar una atención integral en la atención de esta enfermedad. Recuerde que todo problema tiene solución excepto aquella que uno no busca de manera adecuada, el camino fácil muchas veces se vuelve el más complicado.