A muchas personas no les gusta tomar medicamentos, una de las principales causas por las que se rehusa a visitar al médico es para evitar la prescripción y la obligación de tomar una medicina por días, semanas, años o hasta de por vida. Es común la reticencia y negativa sutil, con preguntas como “y no hay algo natural” o “no se quita si dejo de consumir soda”. Esto sucede desde los antigripales, los antibióticos, los medicamentos para la hipertensión o la diabetes, pero en el caso de los medicamentos psiquiátricos (psicofármacos) es más fuerte el rechazo.
Los psicofármacos se engloban en diferentes grupos de acuerdo a su función inicial; encontrando a “los antidepresivos”, “los antipsicóticos”, “los estabilizadores”, “los ansiolíticos” o “los hipnóticos”. También se les puede dividir de acudir a su mecanismo de acción principal o por su estructura química. Estos medicamentos no solamente se prescriben para enfermedades psiquiátricas como la depresión o los trastornos de ansiedad; también se utilizan en enfermedades como la fibromialgia, la migraña o el síndrome de intestino irritable.
En la actualidad los psicofármacos son medicamentos ampliamente prescritos aunque todavía hay mucha resistencia a su uso. Muchas personas cuando se les menciona algún antidepresivo o antipsicótico, lo primero que piensan es “eso es droga” o “si lo tomas te vas a volver adicto”; también cuando una persona toma algún psicofármaco es común que las personas a su alrededor (familia, amistades, compañeros) muestren actitudes o comentarios despectivos “tú no ocupas eso, tú estás así porque quieres” o “¿no te has tomado tu pastilla?, por eso andas así”. Lo cual en lugar de ayudar se vuelve un obstáculo para la recuperación de una persona que padece una enfermedad psiquiátrica, por este motivo es muy común encontrar personas que tardan más de cinco años en atender un trastorno depresivo o más de diez años en atender un trastorno de ansiedad.
Entonces “si yo tomo psicofármacos me voy a volver a adicto y lo voy a tomar de por vida”, en este caso la respuesta es no. La mayoría de los psicofármacos no provocan dependencia, para que una sustancia sea categorizada como “psicoactiva” o “psicotrópica” ocupa de dos características: tolerancia y abstinencia. La tolerancia es una propiedad donde mi cuerpo se acostumbra a la sustancia y cada vez va a ocupar una mayor cantidad para que realice su efecto; mientras que la abstinencia aparece cuando uno suspende el medicamento de golpe y la persona se pone físicamente mal porque su cuerpo comienza a pedir la sustancia.
Si hay algunos psicofármacos que, si son categorizados como psicoactivos porque pueden provocar esto, por lo tanto, es importante que un médico sea quien prescriba esa sustancia, usualmente se recomiendan utilizar por poco tiempo (siempre bajo supervisión médica) y para su venta se ocupa de una receta controlada. La mayoría de los psicofármacos no provocan dependencia, por lo tanto, su venta es libre, pero siempre se recomienda que sean prescritos por un médico y que la persona acuda a sus citas de seguimiento para ver por cuanto tiempo los va a utilizar (esto es importante porque no necesariamente son para toda la vida, solo en casos excepcionales)
También hay veces que las personas rechazan a los psicofármacos pensando que los va a cambiar en su forma de ser o van a actuar de otra manera; lo cual es falso porque en primer lugar no es ético utilizar medicamentos para cambiar la personalidad de alguien; y los medicamentos ayudan a resolver los síntomas, no los problemas de las personas.
Otro de los problemas que encontramos con el uso de los psicofármacos es la “recomendación del conocido”, es muy común encontrar personas que utilizan medicamentos controlados para problemas como los problemas de sueño o por síntomas de ansiedad; pero estos no les fueron prescritos por un médico sino que se los dio una persona conocida (la cual comúnmente carece de formación médica), encontrando frases como “es que mi tía me la dio porque a ella se la dieron para dormir” o “fíjese que esas algunas vez me la dieron para relajarse”. Siendo esto una práctica poco segura porque muchas veces en lugar de ayudar puede agravar un problema o provocar que la persona se vuelva dependiente.
Por eso es importante que, si usted o alguien conocido presenta problemas como la depresión mayor, los trastornos de ansiedad, los trastornos de sueño u otro trastorno psiquiátrico; siempre busque la ayuda de un profesional del área médica y siga las recomendaciones que se le brindan, no olvide acudir a sus citas de seguimiento. Evite la autoprescripción o la prescripción que brindan “conocidos no médicos”. Recuerde que todo problema tiene solución excepto aquella que uno no busca de manera adecuada, el camino fácil muchas veces se vuelve el más complicado.