Uno de los momentos de mayor presión e incertidumbre en la juventud, es la obligación de elegir una carrera profesional al término de la educación media superior.
En contextos familiares donde el estudio universitario se percibe de manera obligatoria, este momento se convierte en una avalancha de ideas, miedos y expectativas externas que, a menudo, nublan el juicio para tomar esta decisión.
Es alarmante observar cómo, año tras año, muchos jóvenes eligen su profesión al azar: porque “había ficha” en esa facultad; porque es la carrera que eligen sus amigos; o peor aún, por seguir una tradición familiar que no les pertenece. Esta realidad no es una falla del joven, sino un síntoma de un sistema que pretende resolver con un simple examen vocacional de último momento lo que debió ser un proceso de acompañamiento de años.
Debemos ser categóricos en esta distinción: Un Plan de Estudios no es un Plan de Vida. Mientras que el primero es un mapa de conocimientos técnicos y competencias, el segundo es el eje rector que otorga significado a nuestros aprendizajes. Sin un propósito claro, el título universitario se convierte en un papel que certifica conocimientos, pero no garantiza la realización personal ni el aporte social.
Si analizamos las trayectorias de éxito excepcional, notamos que el talento no es una generación espontánea de la mayoría de edad. Según registros biográficos, figuras como Lionel Messi comenzaron su carrera futbolística a los cuatro años de edad en el Club Abanderado Grandoli, en Rosario. Messi no esperó a terminar la preparatoria para “ver qué le gustaba”; su entorno permitió que su talento natural se encontrara con la disciplina desde la infancia. Las personas a las que se les permite soñar desde niñas y cuentan con el apoyo estratégico de su entorno y de su familia, tienen una probabilidad drásticamente mayor de alcanzar la plenitud profesional. Por esto, las actividades extracurriculares tienen un sentido y un propósito fundamental.
Si bien, Messi, y muchos deportistas tuvieron ese contexto y oportunidad, debemos generar lo mismo en los niños con talentos artísticos, científicos, tecnológicos y de cualquier disciplina. En Geeks Academy así como en muchos otros espacios, creemos en que el desarrollo creativo en ciencia, tecnología, ingenierías, arte y matemáticas (STEAM) son una gran oportunidad para explorar y desarrollar talentos desde pequeños.
Por supuesto no pretendemos que un niño tenga la obligación de apegarse estrictamente a una disciplina para toda la vida, pero sí que tenga la oportunidad de explorar y enamorarse de lo que más le guste hacer.
Resultados del Instituto de Investigación en Psicología Clínica y Social (IIPCS) y Vocación Central refieren que, entre 30 y 40 por ciento de los jóvenes en México, se equivoca al elegir una carrera universitaria y que tan sólo durante el primer año, 58 por ciento abandona la educación superior o se cambia de carrera.
Esto representa no solo una pérdida emocional para las familias, sino una ineficiencia económica para el país. No podemos permitir que el futuro de nuestras infancias y juventudes dependa de una decisión reactiva.
A menudo escuchamos el consejo bienintencionado pero erróneo: Estudia algo “normal” y luego haces lo que te gusta. Esta es una receta para la mediocridad. En la era de las inteligencias artificiales y la automatización, lo “normal” está siendo reemplazado por algoritmos. Lo que permanece y se valoriza es aquello que nace del propósito humano, de la creatividad y de la pasión cultivada.

https://editorialferdel.mx/producto/la-escuela-no-te-sirve-si-no-tienes-un-proposito-2da-edicion
En 2018, bajo esta convicción, publicamos el libro “La Escuela no te sirve si no tienes un propósito”. En él, enfatizamos que la institución escolar es una herramienta poderosa, pero su utilidad es directamente proporcional a la claridad del proyecto de vida del estudiante. La formación académica debe ser el vehículo, pero el propósito es el combustible. Este es, justamente, el corazón del modelo aprendiz de Prepa Eiffel.
https://prepaeiffel.mx/
La educación debe ser un proceso continuo, una educación para toda la vida. Esto requiere que la gestión de la autoridad educativa y los centros de enseñanza particulares rediseñen sus currículos para que el autodescubrimiento sea una materia transversal desde el nivel básico. Debemos transitar de un modelo de información a uno de formación de la persona.
La responsabilidad recae en todos: en las familias, para que dejen de ver la universidad como una meta y empiecen a verla como un recurso; y en las instituciones, para que fomenten la libertad de enseñanza – aprendizaje y el respeto a la vocación individual. No se trata de qué quieren estudiar los jóvenes, sino de quiénes son, cómo se auto perciben y cómo piensan contribuir al Bien Común.
El momento de elegir no es a los 17 o 18 años. El proceso de elección comienza el día que permitimos que un niño o niña explore su curiosidad sin restricciones. Solo cuando la educación es la consecuencia natural de un plan de vida, logramos formar no sólo profesionales competentes, sino seres humanos íntegros y felices.