En una ciudad dinámica, resiliente y profundamente solidaria como Tijuana, existen causas que no admiten espera. La alimentación digna es una de ellas. La Fundación Tijuana Sin Hambre surge con una convicción clara y poderosa: alimentar es el acto más puro de amor. Fundada por Fausto Vargas y Maru Riqué de Vargas, ha consolidado un modelo de impacto social que hoy representa una respuesta concreta, organizada y sostenida frente a una de las realidades más sensibles de nuestra comunidad.
Lo que inició durante la pandemia con la entrega de apenas 20 despensas, impulsadas por la voluntad de generar un cambio, hoy se ha transformado en una operación de gran alcance. Actualmente, la fundación distribuye 3,500 comidas diarias, que llegan a 40 albergues de la ciudad, beneficiando a personas en situación de vulnerabilidad desde los 2 meses de edad hasta adultos mayores de más de 90 años. Este esfuerzo permite alcanzar más de 1 millón de comidas al año.
Este impacto es posible gracias a una red de más de 2,500 voluntarios, así como a la construcción de una alianza filantrópica binacional única, en la que participan organismos clave como CBX Cross Border Xpress, International Community Foundation, Grupo Enerser y This Is About Humanity, fortaleciendo la capacidad de respuesta en ambos lados de la frontera.
Porque cuando la sociedad civil, la iniciativa privada y la voluntad humana se alinean, no solo se multiplican los esfuerzos, se redefine lo posible.
En este contexto, la colaboración con COPARMEX Tijuana marca un punto de inflexión. A través de esta alianza, se impulsa un programa innovador de responsabilidad social empresarial, que integra el voluntariado corporativo como una herramienta estratégica para generar impacto real y medible.
Este modelo no solo suma esfuerzos: rompe paradigmas. Posiciona al sector empresarial como un agente activo en la construcción de soluciones y demuestra que es posible articular crecimiento económico con compromiso social.
Fundación Tijuana Sin Hambre no solo alimenta; dignifica, conecta y moviliza. Es un ejemplo vivo de lo que sucede cuando la voluntad se organiza y el propósito se convierte en acción. Porque si bien el hambre no define a las personas, sí define a las sociedades en función de cómo deciden responder.
Hoy, Tijuana tiene la oportunidad de consolidar un modelo de colaboración que trascienda, que inspire y que transforme. Hoy, más que nunca, las empresas tienen la oportunidad y la responsabilidad de ser parte de esta solución. Sumarse no solo implica donar, sino involucrarse, construir comunidad y, en el proceso, fortalecer sus propios equipos. Porque cuando una empresa se compromete con su entorno, no solo transforma realidades externas: también se transforma a sí misma.