Los hombres no se lavan las manos. Basta pararse un momento en algún sanitario concurrido para validarlo. Evite quedarse más de un minuto porque es incómodo, pero júzguelo usted mismo, querido lector.
Aunque la opinión pública y la teoría feminista lo sustente, permítame contarle cómo llegué a tal conclusión. No es invento mío. La idea del experimento fue de Rodrigo, un egresado de Literatura reconocido entre los amigos por su prestancia. Él y yo trabajamos juntos.
¿Ya notaste que los hombres no se lavan las manos? Yo sabía de la obsesión de mi amigo por la limpieza, pero su observación me llenó de curiosidad. Quise comprobarlo. El trabajo en el call center era monótono. Todo era mejor que redactar manuales de entrenamiento.
La instrucción era sencilla. “Debes quedarte un par de minutos en el sanitario durante la higiene dental y observar con disimulo el comportamiento de los empleados en el lavabo”. Repetí el experimento múltiples veces y efectivamente: la mayoría salió con las manos sucias.
Nadie parecía recordar el protocolo. Los usuarios tocaron los objetos más contaminados: la manija de la puerta y el inodoro, el teléfono móvil, el dispensador de jabón, el secador y el teclado de los ordenadores al llegar a los cubículos. La escena era un desastre.
Olvidé si comenté a Rodrigo las conclusiones del experimento. Debo confesar que lo repito de vez en cuando y lamento mucho comprobar que la mayoría de los varones no se lavan las manos.
Crecí escuchando la creencia de que los niños son más sucios que las niñas. Puede o no coincidir con la percepción, querido lector, pero lo importante es que los estereotipos condicionan la conducta de las personas y viceversa.
Un estereotipo de género es una imagen generalizada que la sociedad construye sobre cómo deben ser las personas, simplemente por el hecho de haber nacido hombre o mujer. En general, los varones no deberían ser limpios porque es un comportamiento femenino.
Lavarse las manos es una acción de cuidado comunitario. El hábito es básico para el cuidado de la salud. Para los hombres, lavarse las manos representaría un paso mínimo en el camino interminable hacia la salud y la deconstrucción.
No le tomará más de 2 minutos: se moja las manos con agua limpia; aplique jabón hasta las muñecas; frote las palmas, el dorso, los dedos y las uñas; enjuague y al final seque la piel con papel. De ser posible no toque el cerrojo de la puerta al salir.
“Debo confesar que lo repito de vez en cuando y lamento mucho comprobar que la mayoría de los varones no se lavan las manos”
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la higiene de las manos ayuda a prevenir infecciones, evita contagiar a otros y reduce el riesgo de llevar enfermedades a casa. También fomenta el ahorro económico de las consultas y el tratamiento médico. ¿A quién no le gusta ahorrar?
La instrucción es sencilla: replique el experimento, querido lector, no más de un par de minutos de observación. ¿Llegará a las mismas conclusiones que mi amigo y yo? Seguro que sí. Lavarse las manos con agua y jabón cambiará la sociedad.