Tú me enseñaste que hay que mantener avances por grandes o pequeños que hayan sido; mientras las iniciativas privadas externalizan las vidas humanas, extrayendo del valor de sus fuentes de ingresos, utilidades que privatizan, uno debe hacer memoria histórica externando que aquello por lo que derramaron su sangre convirtiendo en pacto para dejar de matar, es lo que hoy día en nuestras vidas cobran vigencia aquellas gestas y por ello mantener vivas conquistas plasmadas en las Garantías Individuales constitucionales.
Como estudioso que fuiste desde temprana edad, tuviste visión de igualdades utópicas para círculos comunitarios muy extensos. En un viaje a una playa virgen en el Pacífico mexicano me contaste: “Yo me fui a Estados Unidos con un compromiso, de encontrar la manera de mejor proteger a gente trabajadora y darle, en mi profesionalización, a mi país lo mejor de lo que somos como mexicanos”.
Me trajiste al mundo de la mano de mi progenitora (a quien me encuentro cuidando por su salud), acabando de ser aprobado por Enrique González Pedrero, titular de la FCPyS de la UNAM en los años de Javier Barros Sierra, tu proyecto de estudios en el extranjero. Entonces, como buen ‘sesentayochero’, entre paredes de la Hesburgh Library en la Universidad de Notre Dame, pensaste cómo hacer un mundo donde todos y cada uno de los individuos tuvieran las mismas oportunidades de alcanzar a satisfacción sus agendas de vida y conociste a los trabajadores mexicanos en Estados Unidos.
A partir de tu investigación doctoral, entre mexicanos científicos de lo social, le hiciste una contribución etnometodológica a las ciencias sociales, convirtiéndote en México en ‘Pionero de los estudios de la migración’. Te auto descartabas de este denominativo porque decías: “No, el pionero fue Manuel Gamio”.
Cuando yo decidía qué estudios universitarios seguir, me dijiste: “Mira, mi esfuerzo en estudiar implicó enorme sacrificio que aguanté, y siendo resiliente, confiando en mi intuición trabajé mucho y salí adelante”. Tu sacrificio, el de innovar con un marco teórico para estudiar el fenómeno de la migración internacional de trabajadores mexicanos a Estados Unidos, te obligó a pizcar en el estado de Texas distintos productos agrícolas para realizar entrevistas. Aunque sí te volviste fuera de serie, al ingeniosamente personificar el papel de trabajador migrante y, prendido del clavo ardiente de tu determinación por la vida y compromiso con los mexicanos cruzaste al anochecer al otro lado, nadando de pecho pero también dejándote arrastrar por la fuerza fluvial del Río Bravo; arrastrado como las miles de almas a sus muertes de aguas heladas, cerca de Reynosa, Tmps.
Todo fue con el objetivo de vivir en carne propia, empíricamente decías tú, la verdad que debe buscarse científicamente desde las ciencias sociales. Con este marco teórico también, fuiste pionero en aplicar desde México, con perspectiva de dejar la dependencia de datos estadísticos de los gringos, la primera encuesta que obtuvo el volumen en tiempo real del flujo de migrantes a todo lo largo de la frontera norte y suroeste de Estados Unidos, desde los Años Setenta. Esto como aporte nacional, conformó una masa crítica que fue la base para alcanzar la meta en tu vida: constituir la institución El Colegio de la Frontera Norte (y su antecedente el Centro de Estudios Fronterizas del Norte de México), y entregársela a la nación.
Me haces mucha falta. Pero tu convicción por defender migrantes sobre todo, durante tus últimos años en esta vida,como el relator de los derechos de los migrantes del Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU, desde donde fuiste el único mexicano que ha colocado al gobierno estadounidense en el banquillo de los acusados por violaciones de derechos humanos de migrantes (apoyado por más de 20 naciones miembros); tu búsqueda de la verdad para que con conocimiento de causa nos dieras claridad y en comunidad hablarle al poder con esta verdad, es una valentía que mucha falta ha hecho en los últimos 15 meses, y ya no hay personas como tú.
Siempre te voy a querer, porque me enseñaste que el fondo de la vida es reconocer las limitantes propias para con humildad, determinación y disciplina proponerse abrir horizontes hacia la satisfacción a plenitud por la vida. Te extraño mucho en este quinto año de vivirte sin el calor de tu amor, desde aquella fecha fatal de 25 de marzo del 2021. A ti debo mi fe, mi amor, mi comunidad y la defensa y protección de los derechos humanos de las personas migrantes internacionales. Te amo papá desde el fondo de mi alma.