Un amigo me sugirió escribir acerca del fármaco Ozempic. Fui a un par de farmacias para comprobar si es vendido sin receta. Tomé la bolsa del supermercado y caminé hasta el lugar.
En la primera farmacia no me ayudaron, pero en la segunda sí. La auxiliar buscó el título en el ordenador. ¿Ozempic es el nombre de la marca o del principio activo? Después de analizarlo, me ofreció un par de cajas de pastillas para la diabetes.
Las cajas del medicamento estaban en el mostrador, encerradas en una vitrina. Había promoción. Saqué el celular de la bolsa del mandado y tomé un par de fotografías de la mercancía en el aparador.
Llegué a casa y saqué el celular. La búsqueda del término Ozempic en Google creció en los últimos cinco años de manera exponencial. La gente en México se preguntó por el precio, la definición y la función del producto.
El medicamento ganó popularidad en TikTok, Instagram y Facebook. Algunas celebridades norteamericanas aparecieron ante los medios con un aspecto más bien sospechoso: las mejillas hundidas, los surcos marcados y la piel flácida del cuello.
¿Qué utilizaron para bajar de peso tan rápido? El cambio de apariencia llamó la atención de los internautas. La admiración por las estrellas de cine no termina con las marcas de ropa. La cultura farmacológica también es imitada por la comunidad.
Los pacientes llegan con esperanza al consultorio. El algoritmo recomienda el procedimiento de moda de los famosos. Las grandes empresas tecnológicas influyen en las decisiones de salud de la población.
Todos somos víctimas del mercado. Si bajamos la guardia, los anuncios nos venden la fórmula de la eterna juventud en pomada, cápsulas de felicidad y el jarabe anticulpas. Para todo hay clientes y solución.
¿Qué tipo de relación con el cuerpo aprendemos en el teléfono celular? Lo más preocupante son los grupos vulnerables. Los adolescentes, por ejemplo, son propensos a desarrollar el trastorno dismórfico corporal a partir de los 12 años.
Las personas con dismorfia corporal viven preocupadas por uno o más defectos percibidos en su apariencia física. Las ideas más comunes van desde sentirse “anormales”, “horribles” o “como un monstruo”. No quieren salir, no pueden dejar de pensar en eso.
Veo un par de problemas. Por un lado, las farmacéuticas y los profesionales de la salud se aprovechan de la susceptibilidad de los usuarios y la desinformación digital. Pagan la publicidad del medicamento y el tratamiento de moda sin pensar en las consecuencias éticas.
Por otro lado, los medios de comunicación quieren likes. Impulsan noticias sensacionalistas. Ozempic fue el boom en las revistas digitales. Se teme la llegada a México del fármaco, luego de la pérdida de patente del medicamento. Se vendería sin control médico.
Lo cierto es que los especialistas (cardiólogos, endocrinólogos, nutriólogos y psicólogos) apoyan el uso de medicamentos para bajar de peso. Otros medicamentos similares, como Wegovy, son utilizados en la clínica de manera común y supervisada.
El cuerpo se modifica, pero la percepción permanecerá. La distorsión de la autoimagen no es alcanzada por el fármaco. El trabajo interdisciplinario es fundamental para la armonización entre el cuerpo y la mente tras el uso del medicamento.
La prevención y la publicidad ética es fundamental para mejorar nuestra cultura en salud.