La historia del vino suele contarse a través de grandes casas vinícolas, regiones emblemáticas y figuras masculinas que marcaron el rumbo de la industria. Sin embargo, si uno mira con más atención, aparecen nombres de mujeres que no solo participaron en el mundo del vino, sino que transformaron su historia.
Algunas de ellas lo hicieron en momentos en los que dirigir una casa vinícola era algo impensable para una mujer. Aun así, su visión terminó marcando el carácter de algunas de las bodegas más influyentes del mundo.
Uno de los ejemplos más conocidos es Nicole-Barbe Ponsardin, mejor recordada como la viuda Clicquot. A principios del siglo XIX tomó las riendas de la casa que hoy conocemos como VeuveClicquot y no solo logró mantener el negocio familiar, sino que impulsó innovaciones que cambiaron para siempre la producción del champagne. Entre ellas, el perfeccionamiento de la técnica del remuage, un proceso clave para clarificar los vinos espumosos.
Otra figura fundamental fue Jeanne-Alexandrine Pommery, quien también revolucionó el champagne. En una época en la que los vinos espumosos se consumían mucho más dulces, Pommery apostó por un estilo más seco, pensado para el gusto del mercado inglés. Ese cambio ayudó a definir lo que hoy conocemos como el estilo brut, el más popular en el mundo del champagne moderno. Pionera con distintos programas de responsabilidad social para sus colaboradores, que no eran para nada comunes en la época.
También está el caso de Françoise-Joséphine de Lur-Saluces, conocida por su papel al frente de Château d’Yquem, uno de los vinos dulces más prestigiosos del mundo en la región de Sauternes, en Burdeos. Su liderazgo fue clave para mantener el prestigio y la calidad de la propiedad durante décadas, consolidando la reputación del vino como uno de los grandes tesoros del vino francés. Estas mujeres vivieron en contextos muy distintos al actual, pero comparten algo en común: desafiaron su tiempo y dejaron una huella que sigue definiendo el vino hasta hoy.
Lo interesante es que esa forma de participar en el vino, desde la intuición, la toma de decisiones y la construcción de proyectos propios, no se quedó en la historia.
Hoy, dos siglos después, sigue tomando forma en nuevas generaciones de mujeres que trabajan el vino desde distintos frentes, aportando su propia visión y manera de hacer las cosas.
Y Baja California no es la excepción. En la región vitivinícola más importante de México, cada vez es más común encontrar mujeres liderando proyectos, trabajando en bodegas, educando sobre vino o construyendo nuevas formas de acercar esta bebida a las personas.
En ese contexto también surgen espacios para la conversación y el intercambio de experiencias. En Tijuana, por ejemplo, se están realizando encuentros que reúnen a mujeres profesionales del vino para compartir su trabajo y su perspectiva sobre la industria.
Hace unas semanas, en Tanina mientras escuchaba a la sommelier Ana Ley sobre su camino en el vino y la seriedad con lo que se debe tomar el mundo del vino, pensaba en lo curioso que es que muchas de estas historias apenas se están escuchando, sin importar por cuánto tiempo han sido contadas.
En los próximos días también participarán otras profesionales del sector como Laura Zamora, Claudia Horta y Carla Figueroa, todas con historias y caminos distintos dentro del mundo del vino. Más allá de una fecha en el calendario, estas conversaciones reflejan algo más profundo: la cultura del vino siempre ha sido construida por muchas voces.
Y cada vez más, esas voces también tienen nombre de mujer.