Un poeta se estrenó en Colombia en mayo de 2025, y es la historia de un poeta colapsado por el fracaso. El director y escritor de esta tragicomedia es Simón Mesa Soto. Se filmó y está ambientada en Medellín. El guion narra el duelo de Óscar Restrepo —interpretado por Ubeimar Ríos—, un hombre alcohólico y desempleado, que descubre que es un poeta mediocre.
En su juventud, Óscar Restrepo fue un poeta premiado y publicó un par de poemarios que parecían augurar una trayectoria estelar. Pero a sus 54 años aún vive con su madre, mantiene una malísima relación con su hija y ya no escribe. Desde el set up, Simón Mesa desmonta la imagen romantizada del poeta. Óscar Restrepo aparece como un señor encorvado, vulnerable, patético y berrinchudo; o, como lo define su madre, un culicagado.
En una de las primeras escenas, el protagonista participa en una lectura en La Casa de Poesía de Medellín. Óscar Restrepo se apersona apasionado y lanza un discurso sobre la poesía. Los asistentes parecen poco interesados. Uno de los participantes lo interrumpe y le pide ya leer su poema.
La película captura el campo (casi siempre deprimente) de la literatura latinoamericana: la Casa de Poesía, sus poetas truculentos, lecturas donde la poesía casi no importa, la burocracia cultural y sus corruptelas. Pero lo que me pareció más interesante es que Un poeta es una película con poesía. La película produce sus propios momentos poéticos. En la escena post-evento, Óscar Restrepo está borracho y grita extasiado en medio de una calle de Medellín sobre la grandeza de José Asunción Silva. En la escena siguiente, Oscar está amanecido y tumbado en la calle.
La familia de Óscar está harta de él. Su hija está por entrar a la Universidad. Forzado por la crisis, acepta un trabajo como profesor de bachillerato.
En su primer día como maestro, Óscar conoce a Yurlady (interpretada por Rebeca Andrade). Ella es una alumna que escribe poesía. A partir de ese encuentro, Oscar descubre un nuevo propósito vital: convertirse en su mentor. Yurlady tiene 15 años y vive en un departamento pequeño con su numerosa familia. Ella no sabe si realmente quiere ser poeta. También le interesa el maquillaje, las uñas y formar una familia. Aún así, Oscar la presiona para ingresar a la Escuela de Poetas y leer uno de sus poemas en el Festival de Poesía.
Yurlady se muestra ambivalente y Óscar cada vez más entusiasmado. La celebración del Festival de Poesía se sale de control. Yurlady se embriaga con sus compañeros de la Escuela de Poetas; y Oscar recae en el alcohol.
Creo que en el primer encuentro entre Óscar y Yurlady se materializa la tensión entre dos tipos de poetas. Oscar es un escritor malogrado que personifica al poeta maldito que hace del dolor, la frustración, el fracaso y el alcohol su identidad literaria. Yurlady es una poeta distinta. Es una joven que no separa la escritura de su vida cotidiana: arreglarse, comprar cosméticos, salir con amigas y ver la televisión.
Yurlady me pareció el personaje más interesante. No se asume como poeta porque no se identifica con el modelo de poeta que encarna Oscar y los otros poetas de la Casa de Poesía. Yurlady es la exploración de un nuevo tipo de poeta, de una forma nueva de hacer poesía, que creo, sigue actualmente en formación.
La película podría parecer la historia del colapso que atraviesan los poetas, pero no: Un poeta es el prelapsario de un tipo específico de poeta. Me refiero a que la película narra y visualiza la crisis de un tipo de poeta que está por desaparecer: el poeta varón, maldito, solitario, confesional, romántico y convencido de que los poetas tienen (o deberían tener) un lugar privilegiado en la sociedad.
En 1857, Charles Baudelaire construyó, al inicio de Las flores del mal, al poeta moderno marginal. El poeta incomprendido que no obtiene éxito en su vida, que vive en la bohemia, alejado de la sociedad. Pero ese tipo de poeta, que en 1884 Paul Verlaine conceptualizó en Los poetas malditos, ya caducó.
En el capitalismo neoliberal del siglo XXI el poeta bohemio ya no puede existir. Las y los poetas no pueden ser únicamente Una o Un poeta. Lxs poetas del siglo XXI tienen que trabajar, ser profesorxs o funcionarixs. En Un poeta vemos al poeta bohemio agonizar. Antonin Artaud, Baudelaire, Verlaine, Stéphane Mallarmé, William Blake, Sylvia Plath y Alejandra Pizarnik, todas y todos agonizando.
Pero no me gustó que Un poeta absurdiza, casi caricaturiza, al feminismo y la literatura indígena. La película critica cómo el mercado cultural y las instituciones literarias cooptan discursos políticos y sociales para ser políticamente correctos. Pero la ridiculización de estos discursos debilita el argumento de la película.
Al final, Óscar se encuentra en el punto más bajo. Se da cuenta de que es un poeta mediocre. Lo despiden del Colegio. Pierde contacto con Yurlady. Su hija se enfurece con él. Su madre empeora de salud. La película termina con un poema que Oscar escribe (después de mucho tiempo sin hacer literatura). Lo comparte con Yurlady:
“Heme aquí,
un hombre
anticuado dinosaurio
portador de agravios
merecedor de condenas
frágil soñador
Más no pierdan su fe,
en este poeta triste
que está intentando escribir
un poema feliz”
En este postlapsario, Óscar —influido por Yurlady— comienza (o intenta) transformarse en otro poeta. La figura del poeta siempre está en crisis. Vi Un poeta como una carta de despedida de un tipo de poeta.
Es la mejor película que he visto en mucho tiempo. Un poeta es una película genial. Al final de la película suena Corazón de poeta de Jeanette. No pude evitar sentirme como una poeta.