Acudí el pasado domingo 28 de junio al Estadio SoFi en Los Ángeles, al primer partido de eliminación directa de la Copa del Mundo 2026, el cual disputaron Sudáfrica y Canada, y parecía que jugaba la selección mexicana. Muchos éramos los que vestíamos la playera verde, y se oía constantemente «México, México» aun cuando el partido había empezado. Sin embargo, de todo lo vivido, hubo dos interacciones que ahora me gustaría compartir.
La primera se suscitó una hora antes del silbatazo inicial. Luego de atravesar el filtro para entrar, entre este y el estadio había un fanfest, camiones de comida, puestos de cerveza y música. Allí, mientras hacía fila para ordenar una hamburguesa, mantuve una breve conversación con un boliviano que portaba la camiseta de Japón. Dijo: «sudamericano que no golea a mexicanos no es sudamericano». Además, enfatizó en que la selección mexicana nunca pudo ganar una Copa América. El folclore futbolero me instaba a preguntarle a qué hora era el partido de Bolivia, pero en cambio le respondí que cuando su equipo jugó el repechaje en Monterrey, por aquello de que todos somos latinoamericanos, el público los apoyaba. Calló, se dio media vuelta y creí que eso había sido todo. Y no. Poco después me explicó que los sudamericanos son un círculo asaz cerrado (dándome a entender que muchos de ellos no consideraban a los mexicanos como pares del todo). Y terminó el contacto anunciando que, por tanto, apoyaba a Ecuador el martes en los dieciseisavos de final contra México.
No obstante, en la segunda interacción, ocurrida esta al acabar el encuentro y concretarse el pase de Canada, esperando mi turno para comprar cerveza, platicando con un paisano nacido y criado en Los Ángeles, pensé la forma en la que entre nosotros nos separamos, incluso con mayor brusquedad de lo que el boliviano hizo con todo el cono sur de México. Había dudado de proclamarse mexicano, aclaró: «luego algunos de allá dicen que no somos». Y si bien no lo pronunció, flotó en nuestras cabezas, estoy seguro, lo que se dice recurrentemente: «no son mexicanos, son pochos». Repuse que mexicano es mexicano, una perogrullada, sí, pero que en realidad no vendría mal tenerlo en mente. «Mientras más, mejor», agregué. Pues, el comentario del boliviano, aunque no fuera prueba absoluta de nada, lo cierto es que fue una especie de recordatorio de una impresión que siempre he tenido de la situación de nuestro país con respecto al resto del continente, sería: Norteamérica, Sudamérica, Centroamérica y México. Absurdo quizás suene, y sin embargo al hablar de este país se le separa tanto, como si se tratara de una región aparte, malquerida por varios, con la que pocos otros quieren involucrarse. Por lo que creo que mejor evitemos desdeñarnos entre nosotros.
En fin, la selección de México, el tri, derrotó 2-0 al conjunto ecuatoriano, la tri, el martes 30 de junio y, con todo, fue infinitamente más satisfactorio, lo admito, gracias al boliviano. Probablemente el domingo contra Inglaterra se acabé la participación en esta copa, pero, hasta entonces, a ver quién nos aguanta.