No importa cuándo se lea esto: Jis está dibujando. Lo ha hecho desde niño y seguirá haciéndolo, incluso cuando arrecien los vendavales de la vida. De la transformación de los medios impresos a las sacudidas domésticas y el paso inevitable del tiempo. Todo eso lo atraviesa. Y, sin embargo, Jis permanece. Su trazo sigue ahí, afilado; su humor, intacto, pues el mundo todavía le ofrece materia fresca cada mañana.
José Ignacio Solórzano, alias Jis, es el centro del documental biográfico “Molusco (Jis vs el resto del mundo)” (México, 2025), dirigido por Mauricio Bidault y producido por Vanessa Romo. “Molusco” va más allá de un apodo, es una forma de estar en el mundo. Como esos organismos que se repliegan en su concha, Jis ha hecho de la vida privada un territorio propio, resguardado, casi inaccesible.
En el marco de la gira de presentación, conversamos con uno de los caricaturistas más singulares de México. Durante su paso por el San Diego Latin Film Festival, el autodenominado “molusco imperial” se dejó observar, habló del vértigo de ser mirado por la cámara y de ese presente en el que, pese a todo, sigue dibujando todos los días.
En su documental, Robert Crumb desde el primer minuto hace confesiones difíciles, sin embargo, lo hace de forma casi natural, ¿cómo te sentiste tu haciendo tantas confesiones de tu vida y sobre todo que otros cuenten esas intimidades?
Mira, hasta me pone nervioso porque creo que esta cosa de la confesión, de la cual yo me siento como de alguna manera alejada a esa línea de andar confesando cosas, creo que él la lleva muy lejos.
Pero sobre todo al final del documental te abres, ¿preparaste algunas de tus respuestas o sencillamente salieron?
En general improviso mucho. Siento que me va mejor y finalmente me doy cuenta que eso lo hago desde la cuestión, ya estrictamente del dibujo, pero me doy cuenta que también en la cuestión de expresión a la hora de decir unas palabras funciona mejor improvisar porque así soy como monero.
Yo lo que quise solucionar en una primera etapa mía a la hora que había que presentar un libro o decir algunas palabras, lo trataba de solucionar escribiendo un rollo y llevando, digamos, un acordeón, un apoyo según yo para ayudarme, pero notaba que eso era peor, o sea, me ponía aún más nervioso siguiendo la línea. Entonces como que me di cuenta de que lo que es más sano es olvidarlo todo y en ese momento irlo resolviendo, aunque sea dando tumbos y lo mismo lo que voy a decir.

Jis, durante la proyección en San Diego. Foto: Abdiel OrtegaHas tenido que pasar por la experiencia de verte en pantalla grande cada que presentas el documental, ¿cómo vives esa experiencia? ¿sientes lo que llaman “cringe”?
Claro, me invade la sensación de pudor, de vergüenza, ‘¿qué estoy haciendo?’. Hay una parte en que digo ‘es indebido andar hablando tanto de mí’. Digo, las cosas más elementales, reglas de cortesía, las estoy rompiendo.
Hubo momentos en que el público reaccionó particularmente con mucha risa, sin embargo, el humor de Jis es como el de Ibargüengoitia. Como mexicano entiendes, te ríes sin que te expliquen, pero explicar el chiste es difícil. Lo han estado presentando en el extranjero, ya lo presentaste en Los Ángeles, en otros lados, ¿cómo reaccionan los que no son mexicanos o quizás no son de Guadalajara o de CDMX?
Siento que cuando ya tenga un paso en cartelera, porque su vida ha sido principalmente en festivales. Siento que estamos en una especie de burbuja artificial en que los que se acercan de alguna manera es porque, creo yo, estoy también yo especulando, supongo que la mayoría es porque ya tenían algún conocimiento de lo que yo hago.
Llegan ya sabiendo un poco a qué van, entonces como que según yo la prueba de fuego es por la gente que se acerque nada más porque se les hace curioso de que es un caricaturista y no sabe ni quién soy. Entonces vamos a empezar a saber otro aspecto del documental.
Me acordé porque ahorita estos al final, que estaba ya hablando con ellos. Ellos no tenían ni idea quién era yo. Y en general todos los que se acercan es gente que ya me ubica de los ochentas, noventas. A ellos se les hizo curioso de que una historia de un monero y vinieron desde Tijuana para ver, lo cual se me hizo magnífico. Estudian arte o cine o no sé qué y se van inspirados. Y yo dije ‘no mames’. Me dio muy buena vibra pues.
Has logrado un nuevo público a través de redes que te han conocido primero por el cartón, primero por la compartida
O incluso por el radio, o sea, hay unos que incluso sospecho que me ubican como un locutor, que ‘ah, también hacen monos el locutor’.
El documental cierra un tanto pesimista sobre el oficio del monero, ¿cómo vas con eso?
Pues mira, en lo que sí tiene razón el documental, en esta frase de la voz en off, es que ciertamente el hilo sigue siendo continuar dibujando. Eso no ha parado incluso estoy como en una etapa de un ímpetu renovado, muy contento queriendo publicar los monos en algún lugar. ¡Está cabrón! Como que ya no hay espacios. Pero estoy encantado de dibujar.
Durante la documental habla mucho Trino, creo que incluso más que tú. Históricamente han funcionado muy bien en las artes los dúos. Ustedes son un ejemplo claro. ¿Cómo le han hecho para mantener viva esa amistad?
A la hora de ver como tantos dúos o tríos o equipos de colaboración cómo que no duran tanto y la historia normalmente es de un colapso en un punto del camino. Doy gracias que por motivos de nuestros temperamentos embonaron. Todo también ha estado fundamentado en que somos amigos, en que ha sido una amistad y súmale que creativamente hubo una chispa que a los dos nos alimentó. Como que tuvimos esa suerte, pues.
Jis en el SDLFF. Foto: Abdiel Ortega¿Ahorita en que estás trabajando?
A la hora que salgo del periódico, que fue empezando la pandemia, me sentí volando en el espacio sin red. Entonces dije ‘bueno pues esto es una etapa, es una señal de que llegó otra etapa’, donde ahorita la onda es ya no voy a estar dibujando para algún medio, voy a estar dibujando lo que yo quiera, quizá voy a voltear más al mundo del arte-galería, a ver si se puede. Pero voy a seguir, pues.
Empezó una etapa muy interesante, en mi opinión fructífera, de muchos dibujos muy debrayados. De por sí soy debrayado, ahora sí fue al doble, porque ahora sí no había ningún tipo de atadura, ni ningún tipo de responsabilidad de que tuvieran que ser medio chistes. Me la pasé dibujando prácticamente puro jeroglífico en toda esta etapa y lo voy a seguir haciendo.
Pero me entró de un año para acá, entre la nostalgia y la valoración de lo que es la disciplina de estar haciendo un dibujo regular para algún lado, lo cual es la onda monera, caricaturista. Entonces me entró otra vez el gusanito de tratar de ver cómo conectar con alguna institución, ya sea que periódicos o revistas, aunque estén a la baja como instituciones, y convencerlos de que necesitan un monero que les esté entregando de modo regular dibujos con los asuntos más o menos de la institución. O sea, cosas que yo crea que van conmigo, ¿no? Cineteca, librería, museo.
Y ya pegó, está difícil porque a veces no entienden bien el concepto, pero ya uno cayó, que es el conjunto Santander, allá en Guadalajara, que son teatros, conciertos, obras, etc. Ya estoy haciendo eso. Ya me prendí, ¡quiero más!
Y ahorita lo que yo quiero es hacer dibujos para un parque muy bonito en Guadalajara, legendario, se llaman Los Colomos. Me encantaría que se me declare el poeta oficial de los Colomos y que me paguen un mono semanal. El mono boscoso. Por favor, ¿qué les cuesta?
Molusco continúa de gira a la espera de llegar a salas y el streaming. Foto: Abdiel Ortega¿Te consideras comediante?
Me da mucha pena siempre el apelativo, porque siento que es demasiada responsabilidad. Yo más bien soy alguien que dibuja cosas, pero no soy comediante. Me la paso queriendo aclarar eso como para curarme en salud. Pero siendo sincero, una de las partes definitivas de mis herramientas de trabajo es el humor.
De alguna manera sí estoy con alguna extremidad metida en el mundo de la comedia. Tengo otro lado, el lado alucinado, el lado como de opinador de cosas existenciales, el lado profesional de la vida cotidiana y está la parte humorista.
Dentro de la tradición del monero, el cartonista mexicano es casi totalmente político en lo general. Tú eres una excepción en ese sentido. Lograste ser exitoso sin hacer cartón político pese a que el público no siempre está preparado para este tipo de humor. Y dices en el documental que esa es tu forma de hacer política.
Sí, sí. Hablando, así como en un sentido ya más abstracto, pues es difícil decir que casi casi que cualquier cosa no tiene que ver con la política. Quizá es una salida fácil, pero también es muy real. Estamos metidos en relaciones de poder en todos los ámbitos de la vida.
Hay una parte en la que es inescapable en ese sentido la mente política.
¿Podemos esperar algún regreso de El Santos?
Cada que pasa cierto tiempo, como que nos volvemos a echar una llamada a Trino y yo y se nos vuelve a antojar y decimos ‘¡ah! estaría padre’. Quizá la película fue una cosa demasiado ambiciosa y no era para un largometraje. Hemos estado barajando la posibilidad de hacer cortitos para alguna plataforma. Eso ahí está en el aire todavía
A mí me gustaría hacerlo otra vez. Es la tercera, cuarta o quinta vuelta del Santos gráfico del papel, me encantaría, o sea, para algún tipo de, no sé si incluso alguna plataforma o algo que nos empezaran a contratar para hacer la vida actual del Santos, sería muy padre.
“Molusco”, el documental sobre el monero que eligió la concha como refugio, dirigido por Mauricio Bidault, llegará próximamente al streaming. Mientras tanto, es posible asomarse a su mundo íntimo a través de sus redes sociales, donde deja caer, casi a diario, sus monos, debrayes, cartones y pensamientos.
Pero la puerta más profunda sigue estando en sus libros. Vale la pena buscarlos, leerlos y, en el camino, sostener la obra de un viejo caricaturista tapatío que todavía dialoga con su tiempo.