La idea de que todo aquello que no es humano puede tener sentimientos, que animales, carros, insectos, monstruos o juguetes poseen una vida emocional oculta, es la piedra angular sobre la que Pixar construyó un imperio arraigado en el mundo infantil.
Aunque Pixar ya había antropomorfizado la tecnología en “Wall-E”, esta es la primera ocasión en la que enfrenta de manera directa dos universos que comparten el mismo espacio: el de los juguetes físicos y el de los dispositivos electrónicos.
En “Toy Story 5” regresamos al universo de los juguetes bajo la premisa de que los niños y niñas de la actualidad han dejado a un lado el juego con objetos físicos a cambio de las pantallas.
La nueva película de la saga está dirigida por Andrew Stanton, también director de “Wall-E” y “Buscando a Nemo”, y codirigida por McKenna Harris, ambos con experiencia en la animación infantil estadounidense, una forma particular de narrar historias que ha dominado la industria durante décadas.
Al final de la entrega anterior, los juguetes decidieron separar sus caminos, con Woody por uno y el resto por otro, tras asumir los cambios naturales de los niños que fungen no solo como sus dueños, sino como la razón esencial de su existencia.
En la primera película, Pixar logró una combinación cercana al equilibrio perfecto entre aventura, humor, animación y diversión para todas las edades, un avance importante en la forma de entretener eficazmente a toda la familia.
Pero la saga, y sobre todo sus creadores, envejecieron, lo que desemboca en la enfadosa manía de aleccionar a los niños, de formas sutiles y explícitas, sobre el abandono de los juguetes físicos por las pantallas, presentado como un rasgo no solo negativo, sino trágico, casi apocalíptico.
La añoranza por el pasado y el juicio sobre los comportamientos del presente como decadentes atraviesan “Toy Story 5” de principio a fin mediante diálogos explicativos entre los juguetes.
No podríamos decir que se trata de una película conservadora, pero sí de una producción hecha por adultos para instruir a los niños, un error que habían evitado en las entregas anteriores o, por lo menos, habían logrado respetar la inteligencia y el criterio de la audiencia, sobre todo en “Toy Story 3”.
Constantemente, los personajes se encuentran en situaciones que ruegan a la audiencia conmoverse. La película jala demasiado el hilo sentimental en busca de reacciones emocionales, pero lo hace con tanta frecuencia que el recurso pierde efectividad.
Por otro lado, “Toy Story 5” repite el sello de la casa: un sentido del humor depurado y de buen gusto que hace reír a niños y adultos, por separado y en conjunto.
Una premisa femenina
El punto más sobresaliente de la película es su realización desde un punto de vista femenino, desde el inicio y durante el desarrollo, pero sobre todo en la conclusión de la historia, que logra darle un cierre de ciclo digno de Jessie.
La vaquerita se propone ayudar a Bonnie, la dueña de los juguetes después de Andy, quien enfrenta un problema de socialización con otros niños que ahora prefieren jugar con tabletas y celulares antes que con juguetes, a la vez que conviven mediante redes sociales infantiles.
En su intento, Jessie terminará de regreso en la casa de su primera niña, Emily, en un ambiente rural, donde se aliará con aparatos electrónicos, mientras que Woody y Buzz se embarcan en la aventura de rescatarla, la receta “Toy Story” por excelencia.
Cuando hablamos del punto de vista femenino, nos referimos a la intimidad que la película logra transmitir respecto al mundo privado de las niñas en sus habitaciones, pero sobre todo a los vínculos emocionales con sus muñecas, un acierto de los escritores al no caer en el cliché de las Barbies, además de salirse del molde del género de los juguetes.
Otro gran logro de la película, que podríamos dar por sentado en el cine digital, es el avance tecnológico de la animación de Pixar, que da un nuevo salto en su capacidad para reproducir dinámicas físicas, texturas, iluminación y movimientos hiperrealistas sin dejar de pertenecer a un mundo caricaturizado.
La añoranza por el pasado y el juicio sobre los comportamientos del presente como decadentes atraviesan “Toy Story 5” de principio a fin mediante diálogos explicativos entre los juguetes
Lilypad 9000
La computadora HAL 9000 no termina de morir y regresa constantemente al cine, pese a que Stanley Kubrick creyó desconectarla en “2001: Odisea del espacio”, en 1968. Ahora reencarna en Lilypad, la tableta que le compran a Bonnie y que hará todo para deshacerse de los juguetes y así acaparar el amor de la niña.
Este personaje será el antagonista que permitirá a los juguetes resolver su conflicto interior, pues asumirá el papel de villana que ayuda a los héroes a encontrar el sentido de su existencia a través de una serie de pruebas.
También hay un abuso de secuencias de acción resueltas sin explicación y, sobre todo, del recurso del deus ex machina, ese que soluciona situaciones de peligro mediante la aparición inesperada de otros personajes o de coincidencias asombrosas.
Pero al escuchar las risas, el asombro o la emoción de los niños en las salas, podemos asegurar que “Toy Story 5” vuelve a ejecutar con éxito una película de alta calidad y aprecio por las infancias, aunque en ocasiones las mire desde una posición demasiado paternalista. Al final, ese público es su objetivo.
“Toy Story 5” ya está en salas y le recomendamos verla en IMAX, donde podrá apreciar mejor la calidad y el esfuerzo de la quinta entrega, que deja abierta la puerta a más secuelas de la odisea de este grupo de juguetes.