En Tijuana la virtud como sociedad tijuanense, y el don de muchos miembros de esta sociedad ha sido la solidaridad humanitaria en una dimensión circular. En nuestras historias de vida (las de algunos entre nuestras familias que llegaron de otras regiones del país, convirtiéndose en tijuanenses), buscamos compasivamente apoyarnos entre todos, y honramos que salimos adelante en nuestros pasados en medio de dificultades de recién llegados.
La circularidad con la que en esta colaboración les comparto distinguidos lectores, hunde la mirada en las dinámicas que personas de procedencias peculiares; que logran en Tijuana acoplarse en algún empleo, encontrar un sitio para vivir, de aliviarse en alguna enfermedad, de superarse educativamente y, finalmente sienten que están en el proceso de establecerse como tijuanenses por un buen tiempo. Aunque en esta colaboración aprovecharé para poner luz sobre refugiados que migraron de Haití, nación latinoamericana que, hasta la fecha, está en una situación convulsa de violencia interna por factores neocoloniales, que involucran una desesperación de huir de amenazas del pandillerismo armado atroz, cobrándose sobre los duelos vividos entre los nuevos tijuanenses haitianos. Por gracia de saber recibir a esta población de refugiados los tijuanenses buscaron recursos para haitianos y haitianas y sus familias. Estos supieron luchar por hacerse de esta ciudad su terruño.
Comenzaron a acercarse a cerrar el círculo, habiendo alcanzado una cierta circunstancia de estabilidad por sus propios méritos que les dio la esperanza en sí mismos. Ya establecidos; alcanzando sus satisfacciones básicas para sí mismos y las de sus familias; entonces, han conseguido colocar las necesidades de su comunidad como prioridad de vida entre sus otras prioridades familiares. Aquí se cierra el círculo, porque con igual ímpetu previo, tras la escena en su pasado de duelo y de aquella difícil merma en que, alzando la palma de la mano solicitante por misericordia de una ayuda, con ese mismo ímpetu en que humildemente imploraron apoyo, ahora entre las organizaciones de la sociedad civil trabajando en defender los derechos de refugiados como ellos, sienten la fortuna de animarse a preguntar “¿Cómo te puedo apoyar?”. A esto, en esta colaboración le llamaremos el ‘círculo virtuoso de la defensa de migrantes’. Algunos de estos miembros tijuanenses haitianos decididos a dar recursos, esfuerzos y tiempo al apoyo de los recién llegados a esta ciudad para honrar sus pasados y, como carambola de más bandas aportar a Tijuana, como expertos en la inclusión intercultural, para el ánimo de otros migrantes.
Dicha nominación de expertos fue públicamente conocida al exponer el pasado 17 de mayo, del presente, los valores de tijuanenses de origen haitiano ‘haitijuanenses’, como acuñamos en aquellos primeros años en que emergieron como grupo poblacional en esta ciudad. En esta mencionada fecha en el Centro Cultural Tijuana, se realizó una celebración con doble meta por parte de la organización Asociación para el Desarrollo y la Integración de la Comunidad Haitiana (ADICH). Los objetos de este doble festejo intercultural fueron, por una parte, el 223 Aniversario del Día de la Bandera de Haití; de carácter aglutinante simbólico. Por otra, conmemorar los 10 años de la llegada de oleadas migratorias entre años 2016 y 2017 en que alcanzaron a residir alrededor de 20 mil haitianos en Tijuana, con miras a entrar a Estados Unidos. Actualmente, según ADICH están residiendo alrededor de 7 mil haitianos, que por la situación actual y precedente en Haití, no han dejado de arribar hasta estos días. En la valoración está conformada esta comunidad resiliente, cívicamente compasiva, profundamente contributiva, trabajadora, responsable sin dejar de ser lúdica, enfocada en la pertenencia como ‘haitijuanense’, y socialmente comprometida. Comprometidos con una conformación de la primera asociación de auto gestión de su propia defensa de derechos humanos; la comunidad haitiana, encabezada por la ADICH.
Estas líneas se comparten, no como autor de este proceso de ‘círculo virtuoso’ sino humildemente, como un contribuyente al proceso en el que esta comunidad de haitianos de inclusión a la educación en el sistema formal de educación superior, por sus propios méritos, acompañé a resolver diferentes aspectos de requisitos de inscripción a la UABC, mediante apoyo de dependencias que realmente apoyan a respetar la Constitución Política de la República Mexicana, la Ley de Educación del Estado de Baja California, y leyes específicas de apoyo a migrantes del Ayuntamiento del Municipio de Tijuana. Aclarando, nos congratulamos todas las dependencias cumplidoras de la ley, a remontar xenofobias ancestrales entre grupos de ‘racistas a la mexicana’, obstaculizando estos aportes sociales, por quienes no obstan que salgan adelante los miembros de la comunidad haitiana y cerrar ‘círculos virtuosos’, de diversidad intercultural, profesional y humanitaristas, quienes doy certezas ponen en práctica la auto gestión de defensa y protección de derechos de los migrantes en general.