Retomemos la charla aludida en mi colaboración previa de Calafia Noticias bajo Tijuanenses por Diásporas, llegando a buen puerto con el Padre Patrick Murphy c.s., P. Pat de cariño. Él fue, por más de 12 años, director de Casa del Migrante en Tijuana, CMT, anterior al actual Hermano Raúl Ochoa. Tal como hicieron sus antecesores scalabrinianos quienes fundaron la ‘Casa’, luego P. Pat nos ha dejado sus enseñanzas para la vida; además de hacerlo como contribución a la cultura tijuanense, y como impulsor en nuestra ciudad sobre lo que interculturalmente, desde hace sexenios hasta la fecha, autoridades federales llaman a Tijuana “Crisol de México”. Las enseñanzas las refiero en lo sucesivo, pero reiteraré lo expresado por P. Pat bajo las primeras dos partes de esta serie de artículos, y cubro antes el aspecto que P. Pat ha construido en su impulso a nuestra ciudad, que desde la ‘Casa’ él caracterizó, dándole a Tijuana el apelativo de dimensión nacional mencionado.
Es debido al trabajo interinstitucional como actor social que ‘Casa’ consiguió los recursos (“holísticos” dijo P. Pat) sistémicos de atención, colocándose como el modelo de albergue entre las más de 30 instituciones de atención a migrantes de Tijuana, por varias décadas entre las más prestigiosos de México; sobre lo cual anota P. Pat —“Es Casa del Migrante en Tijuana. Y no es de nosotros: es de Tijuana. Es para servicio de todo el país.” En sus palabras transmite P. Pat un sentido del compromiso de Tijuana con México; como nación con migrantes por origen, en tránsito, de deportados, y por establecimiento de personas llegando a la ciudad sin red de apoyo, sin recursos. Al anotar esta pertenencia de la ‘Casa’, con base en el respaldo que, por su naturaleza, Tijuana le brinda a las personas migrantes, lo dijo de especial modo, en reconocimiento de una histórica, nula consideración por el Estado Mexicano en su omisión al no cumplir su obligación de constitucionalmente satisfacer derechos humanos de los mexicanos y mexicanas, y de toda aquella persona en suelo mexicano.
A la altura de obligaciones de Estado, la ‘Casa’ —considera P. Pat— representa una corresponsabilidad como institución de la sociedad civil tijuanense, de defender la integridad física, personal de nuestros connacionales. Fija su mirada y sostiene, —“Si mañana cerramos la ‘Casa’, ¿quién va a sufrir? La gente de aquí. […] Entonces, nosotros y también, Instituto Madre Asunta [por parte de las hermanas scalabrinianas para la atención de familias de mujeres migrantes con niños y adolescentes], existimos para la gente que llega sin recursos. En esta temporada la mayoría de quienes llegan son mexicanos; y México tiene una obligación de ayudar a sus paisanos. No tenemos extranjeros; hay algunos, pero la gran mayoría son deportados”. Ésta es una noción de amor a nuestra mexicanidad, de arraigo a nuestra nación desde el punto de vista del amor a los mexicanos, que a los lectores comparto pues, esta columna tiene apego a estas nociones de cultura política, enseñanzas de la ‘Casa’.
Recapitulo y concluyo esta tercera parte de remembranzas como interlocutor de P. Pat. Para la vida ¿qué nos deja a los tijuanenses? Es comprender a la ‘Casa’ como espacio de interrogantes, cuyas preguntas dimensionan el futuro de nuestras vidas. Involucrarse con planificar, unas veces, requiere apoyo de experiencias de quienes alcanzaron logros a partir de ¿Cuál es el sentido de la vida? O, ¿Cómo darle un sentido significativo a la vida? Y, luego también resulta que adoptamos un modelo, pero que no está funcionándonos; cuya adopción de modelo nos plantea luego ¿Qué debo hacer con mi vida? Quizá planteárselo resulta en vivir toda una vida para descubrirlo y, que de tanto cavilar en ello, luego nos lleve a estresarnos; pero la mayoría de las veces estamos preocupándonos sobre qué de nuestro trabajo producimos: el producto. Es en ese momento que podríamos pensar que no estamos suficientemente produciendo un impacto, el resultado de nuestro trabajo individual. Inversamente, esta experiencia se vive en contexto de relaciones interpersonales —“diálogo cristiano” lo llamó P. Pat. En ‘Casa’ esta experiencia se trata de la elevada frecuencia de resultados fuera de lo esperado individualmente. Aunque, resultados puestos en perspectiva no-lineal: cada vez más humanos por cuanto aprendemos a entendernos en comunidad, alcanzando mutuamente resultados sin referir al plan de uno u otro, sino al plan común.
En conclusión, será siempre importante el soporte, en especie o económico, financiero de la ‘Casa’, pues la CMT, entre otras instituciones de defensa de derechos de los migrantes, son espacios donde podríamos integrar interrogantes que cambian la dimensión sobre el futuro de nuestras vidas. No será únicamente ¿Cómo daré mayor significado a mi vida derivado del impacto de mi trabajo? Será adquirir la sensibilidad para que planificar sea inclusivo de una variedad de resultados; todos variantes del plan en determinada comunidad.
Lector, lectora sensibilízate a escuchar a un migrante. Como compartí en esta columna sobre mi plática con P. Pat, en sus palabras, “la mayoría son buena gente luchando por la vida”. Si tienes la posibilidad de dar un apoyo acércate a CMT y ofrece contribuir con tu impacto. En la generalidad cuando esto ocurre, los planes de vida pueden adquirir un sentido profundamente significativo. Aquí la dirección de correo de P. Pat y proveer propuestas de apoyo, escribiéndole en: [email protected].